viernes, 13 de marzo de 2009

CONTROVERSIA: LA ESTAFA REVOLUCIONARIA

Por José Antonio Rivas Leone

La revolución tiene a cuestas ya una década en el poder. Hay quienes señalan que nunca estuvieron preparados para ser gobierno, lo cierto del caso es que se convirtieron fácilmente en gobierno, pues para nadie es un secreto el hastío al que llegó un grupo de venezolanos que en 1998 creyó en la promesa del cambio y la revolución. Diez años han transcurrido con abundancia de recursos, gobernadores, leyes, instrumentos legales, nuevas figuras, instancias, poderes, experimentos que en definitiva se traducen viendo los números y evaluando las políticas en un rotundo fracaso y estafa revolucionaria.

Seamos francos con buenas intenciones no se alimenta la gente, no se cura el enfermo, no consigue empleo el desempleado, no alcanzamos un educación de calidad para nuestros hijos, sobrinos, nietos y demás, con buena voluntad no tendremos seguridad plena para todos los venezolanos. En fin, la revolución sólo ha ofrecido promesas, ideales, posibilidades a futuro pero repito si la evaluamos por esta década es un fiasco e infortunio total.

Quienes votaron por Chávez hace diez años y de alguna manera han vuelto a depositar su confianza en él en sucesivas elecciones, lo han hecho convencidos de que esta revolución sería un cambio radical en el país, en el manejo atinado de su economía para hacer que lo más pobres tuviesen mejores niveles de vida, acceso a la justicia, empleo, seguridad, medicinas, asistencia en todos los órdenes y lo que hemos visto es corrupción por doquier, incapacidad, ineficiencia, malversación y despilfarro de recursos en el país y fuera de este.

La humildad de Chávez y de quienes han ocupado puestos como gobernadores, alcaldes, ministros, asesores, directores y demás, no se corresponde con la vida de abundancia que hoy llevan, para nadie es un secreto las cuentas bancarias de los funcionarios de la revolución, los bienes inmuebles, inversiones, lujos y para usted de contar que exhiben justa y paradójicamente los promotores del socialismo del siglo XXI. La experiencia nefasta de Venezuela deja claro que el socialismo del siglo XXI, la humildad, la precariedad, el hambre, el sacrificio es para el pueblo, para ustedes el whisky por garrafa, el oro, carros último modelo, yates, viajes, en fin, vida de reyes mientras el pueblo muere de mengua, de desnutrición.

El pueblo sabe de las andanzas de estos supuestos “revolucionarios” enriquecidos a costa del Estado y de lo que le corresponde a todos los venezolanos. Ustedes no creen en el capitalismo salvaje son expresión y creen en el capitalismo súper salvaje. Los excesos cometidos hasta el presente están ahí en una larga cuenta que los venezolanos tenemos y que cobraremos. El poder sin control, sin límites es un monstruo voraz y peligroso. Este intento de revolución y experimento ha estafado al hombre, a los venezolanos, los ha hecho más pobres, más dependientes, menos productivos.

Esta revolución en lugar de promover sólida y reales transformaciones, un genuino empoderamiento del pueblo, su mejora material e inmaterial y alcanzar realmente un mejor país y sociedad, se ha vuelto contra él y paga su confianza con traición, con opresión, inflación, despidos. Razón tenía Don Miguel de Cervantes Saavedra cuando expresó “la libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos, con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra el mar: por la libertad, así como por la horra, se puede y debe aventurarse la vida”. Los venezolanos no sólo perdimos recursos y oportunidades, sino que hemos ido gradualmente perdiendo nuestras libertades. Miremos el acontecer de Venezuela y rectifiquemos a tiempo frente al engaño, frente a la estafa revolucionaria.

(*) Profesor de la Universidad de Los Andes

jueves, 12 de marzo de 2009

La amenaza del totalitarismo invertido

Xavier Caño Tamayo

Sheldon Wolin, profesor emérito de Princeton, analiza una degeneración del sistema democrático. El totalitarismo invertido. Y asegura que busca anestesiar a los ciudadanos desde el poder para mantenerlos en estado permanente de irresponsabilidad y que la democracia se disuelva, reducido el papel ciudadano a votar cada cuatro años en espectáculo mediático. Ese totalitarismo invertido es democracia nominal, democracia sin ciudadanos. Dice Wolin que el totalitarismo invertido busca "moldear el apoyo de los ciudadanos, pero no dejarles gobernar". Quiere ciudadanos atemorizados, sin conciencia social ni política, contra la política. Que se muevan por emociones e impresiones, no por razones y juicios. Ciudadanos desmovilizados que dejan campo libre a la clase política para que haga lo que le dé la gana.

Una muestra de totalitarismo invertido se vio en el proceso de ratificación de la Constitución de la Unión Europea. Franceses, holandeses e irlandeses dijeron ‘no’ en los referendos de ratificación, pero los datos indicaban que los diputados holandeses la hubieran aprobado por amplísima mayoría. Y lo mismo los franceses. Los mandatarios de otros países europeos ni siquiera convocaron referendos. No querían que los ciudadanos decidieran.

El totalitarismo invertido es infantilización de los ciudadanos para que sean manipulables, vulnerables. A ello contribuyen los medios de comunicación, que no informan con objetividad y a menudo ni siquiera informan. El cuarto poder desapareció, absorbido por el poder económico a cuyo servicio está. Los medios banalizan, distorsionan y, sobre todo, ocultan. Y, cuando lo consideran necesario, falsean.

El programa Censura de la universidad californiana de Sonoma expone anualmente cuestiones, temas y problemas que los grandes medios informativos estadounidenses apenas tratan u ocultan. Lo que afecta a la mayoría de ciudadanos se escamotea y se informa más sobre los pequeños robos de la actriz Winona Ryder o cualquier frivolidad irrelevante que de lo que ocurre en Afganistán o Irak. El progresivo empobrecimiento de la clase trabajadora estadounidense y las violaciones del Gobierno de Estados Unidos de los tratados internacionales que ha firmado no existen. Como escribió Eduardo Haro Tecglen, “el tumulto de la información dirigida y ocultada aleja a los ciudadanos del conocimiento de la realidad”. Y ese desconocimiento los hace vulnerables, manipulables.

El catedrático Juan Torres ha escrito sobre esa ocultación de la verdad por los medios: “En Venezuela se ha aprobado por referendo que quien quiera sea Presidente pueda presentarse a reelección ilimitadamente. Los medios informativos occidentales dicen que eso muestra que Chávez es un dictador y que en Venezuela no hay democracia. Ocultan que, para ser Presidente, Chávez (o quien sea) tendrá que ganar las elecciones en las que habrá (como ha ocurrido hasta ahora) cientos de observadores internacionales”.

Tal vez porque interesa que los ciudadanos sean manipulables, la editorial rusa Atticus ha cancelado la publicación de Los que susurran, obra del historiador británico Orlando Figes, con tremendos testimonios de supervivientes de la represión estalinista. El autor y numerosos amigos rusos creen que ha habido censura del Kremlin. Porque la clase dirigente rusa (con Putin al frente) quiere hacer bueno a Stalin y que se ignore que fue un genocida.

La otra base del vaciado de la democracia es recortar derechos de los ciudadanos. Desde 2001, el terrorismo ha sido pretexto para un recorte incesante de derechos. Encarcelamiento sin juicio, ausencia de protección judicial, detenciones incontroladas, violación de la intimidad…

Si se viola el derecho a la vida, a la libertad, a no ser torturado ni sufrir tratos crueles o degradantes, a no ser detenido ni preso arbitrariamente, a que haya presunción de inocencia, a ser juzgado con garantías... el sistema democrático se convierte en decorado. Pero los datos confirman que la seguridad no ha aumentado, pero sí han retrocedido las libertades.

Además de elecciones, en una verdadera democracia hay control y límite al poder para que derechos y libertades sean respetados. Por eso los recortes de derechos nos acercan al totalitarismo, aunque sea invertido.

Vittorio Zucconi, director del diario La Repubblica, ha escrito: “Sólo en los resúmenes escolares la Historia avanza en porciones definidas. Alemania no se volvió nazi en un mes. Italia no fue fascista de la noche al día. Te das cuenta de aquello en que te has convertido, ley tras ley, decreto tras decreto, concesión tras concesión. Y entonces ya es tarde para volver atrás.”

* Periodista y escritor

miércoles, 11 de marzo de 2009

Otra vez, Chávez y las FARC

Alfredo Michelena

Las tensas relaciones con Colombia vuelven a estar en la palestra y el tema es el mismo: las relaciones de los bolivarianos con la FARC. Esta vez el ministro de defensa colombiano al conmemorar la operación Fénix- que culminó con la muerte de Raúl Reyes-declaró que perseguirían a las FARC donde estuvieran metidas, pues es un acto de legítima defensa. Ya el presidente Uribe había dicho que jefes de las guerrillas vivían en el extranjero, lo que RCN precisó al informar que la mayoría ellos estaban en Venezuela. Es más, se ha colado a la prensa que Uribe le habría dado, como lo hizo en pasadas oportunidades, las ubicaciones de los nueve miembros del Estado Mayor de las FARC que viven en Venezuela además de la información de que su jefe máximo Alfonso Cano estaría en Barinas.

La respuesta no vino de Chávez sino que la Cancillería, sin tratar el tema de la presencia guerrillera, rechazó con sobradas razones la advertencia de que otra operación Fénix pudiera realizarse. Uribe mandó a callar a su ministro, pero la acusación siguió sin ser desmentida.

Recientemente la Corte Penal Internacional (CPI) solicitó al vecino país, y les fueron entregados formalmente, los datos contenidos en el computador de Reyes. Según algunos medios con el fin de establecer los apoyos que los terroristas reciben desde países vecinos. Ya el Fiscal de la CPI en su visita a Colombia había dejado muy claro, que él puede llevar a cabo una investigación sobre estas colaboraciones, que están penadas por el Estatuto de Roma. Ahora esto es más que una posibilidad.

El gobierno colombiano no ha dejado de acusar al venezolano de colaborar con la guerrillas. Tampoco los EE.UU., por boca incluso de su presidente, han dejado de insistir en la existencia de ese apoyo.

Las FARC han declarado que respaldan la revolución bolivariana, a cuyos líderes admiran y respetan. Chávez ha dicho que el respeto y admiración es reciproco. Pero lo que realmente sería catastrófico es que ahora se pruebe ante un tribunal internacional lo que muchos suponen, que Chávez apoya a las FARC. Sería una catástrofe en medio de una crisis. Después de la captura del computador de Reyes, Chávez se ha hecho prudente en las relaciones con Colombia. Luego de criticarlas, ahora no habla sobre las FARC, sino que responde a través comunicados de la Cancillería y utiliza otros voceros. Pero, ¿podrá el alacrán dejar de picar? o ¿el proceso en la CPI detenerse?. Ya veremos.

Nuestra miseria petrolera

Por Norman Pino De Lion

A los venezolanos se nos inculca desde muy pequeños que somos un país rico; de manera que si sentimos que somos cada vez más pobres, deducimos que alguien se debe haber estado robando nuestra riqueza. Encontrar un argumento más sencillo, imposible. Somos un país pobre porque existen países ricos que seguramente nos quitaron en algún momento nuestras riquezas; comenzando por el imperio español y terminando con el norteamericano. El problema con esta argumentación es que constituye un fraude a la razón. No acabamos de entender que perforar un hueco en el suelo de donde brotan dólares no sólo no es generar riqueza, sino una de las peores cosas que le pueden ocurrir a un país. Desafortunadamente para los venezolanos, no pareciera existir mejor país en el mundo como el nuestro para ilustrar lo que significa el infortunio del petróleo.

El tema ha sido estudiado profusamente porque constituye prácticamente un patrón de conducta de los países en desarrollo dependientes de sus exportaciones de petróleo, con la excepción de algunos países árabes del medio oriente, que para bien de sus habitantes han contado con dirigentes con más de dos dedos de frente y una visión de futuro que llega un poco más allá de sus propias narices, lo cual les ha permitido diversificar sus economías mediante la inversión y generación de empleos productivos en otras actividades económicas, reduciendo así la dependencia de un solo renglón de exportación. El petróleo crea muy pocas fuentes de empleo. Si además es mal utilizado, lo cual ha sido generalmente el caso, destruye las posibilidades de inversión y empleo productivo en otras áreas de la economía. Por otra parte, la concentración del poder económico en manos de los gobiernos de turno no sólo distorsiona la economía sino que inhibe cualquier posibilidad de diversificación de la misma: ¿Para qué preocuparse por desarrollar empresas eficientes y competitivas que produzcan y exporten, fortaleciendo con ello a una clase media emprendedora y trabajadora que genere riqueza y bienestar, cuando es más fácil importar todo?

Cuando toda la “riqueza” de un país tiene que pasar por las manos del gobierno, éste se convierte en el gran decisor, el mayor contratista, el mejor comprador, el gran proveedor y finalmente en el receptor de la indispensable gratitud de una masa de votantes por los favores que prodiga el todopoderoso gobierno. Consecuentemente, la hipertrofia estatal producto del ingreso petrolero ha fomentado entre nosotros una cultura de la corrupción de la cual nadie ni nada parece escapar: desde obtener un pasaporte hasta tratar de fundar una empresa. Esta conducta ha erosionado la moral colectiva hasta tal punto que se hace casi imposible llevar a cabo cualquier actividad, sin importar cuán simple o importante sea, sin tener que caer en alguna forma de corrupción.

A muy pocos se les ocurre pensar que somos cada vez más pobres simplemente porque generamos cada vez menos riqueza. La fortuna petrolera ha sembrado asimismo el perverso mensaje de que el bienestar económico no se construye de la forma tradicionalmente comprobada de trabajar, prestar servicios, hacer cosas, venderlas y obtener un beneficio por todo ello, sino negociando con la burocracia de turno. Ésta última, a su vez, se reafirma en el funesto comportamiento de repartir dinero para permanecer en el poder, cerrando con ello un círculo vicioso que conduce cada vez más a mayor pobreza y atraso.

La idea de “sembrar el petróleo” o el uso inteligente de los recursos petroleros para crear las bases de un sano desarrollo económico, abandonando así nuestro tradicional carácter rentista, ha sido tema permanente en el discurso político por más de 50 años y en cuanta campaña electoral hemos tenido. Desafortunadamente, la frase se ha convertido en una simple expresión de buena voluntad, sin llegar a ninguna concreción, a la que generalmente retornamos en épocas de escasez, léase de precios petroleros a la baja, para volver a olvidarnos de la misma en la medida en que éstos comienzan a subir.

Durante los cinco primeros años del actual gobierno, mientras el precio del crudo se mantuvo más o menos estable, después de una importante recuperación durante los años 1999 y 2000, se dedicaron muchas páginas a hablar de la idea, aunque sin poner en práctica ningún plan sustantivo. Sin embargo, la idea fue engavetada de nuevo a partir del año 2002-2003, cuando los precios comenzaron a sufrir un crecimiento casi exponencial hasta rozar los 150 dólares por barril a mediados del año pasado. Si durante los cinco años anteriores a esa época, con menores recursos, pero en todo caso muy superiores a los ingresos obtenidos antes de 1998, no se realizó ningún avance sustantivo en la siembra del petróleo, lo que vino después simplemente hizo olvidar los fugaces propósitos de enmienda, de la misma manera en que ha ocurrido en anteriores ocasiones. El extraordinario ingreso petrolero se ha esfumado en medio de un crecimiento extraordinario de las importaciones de alimentos y de bienes de todo orden, sin que se haya sembrado mucho del mismo.

El actual gobierno ha recibido el más alto nivel de ingresos de nuestra historia petrolera, calculado en más de 800 mil millones de dólares; sin embargo, en vez de haber diversificado nuestra economía, después de diez años de extraordinarios ingresos y planes fantasiosos, somos hoy en día más dependientes que nunca del ingreso petrolero. Más temprano que tarde deberemos pagar por el error de no haber aprovechado los gigantescos recursos de los años del petróleo caro para reducir la dependencia de la economía de las exportaciones petroleras. Esto es especialmente grave cuando constatamos que el régimen sigue empecinado en mantener que no seremos afectados por la crisis económica mundial, pues todos sabemos que si algún país es vulnerable a esa crisis es Venezuela, en razón precisamente de su exagerada dependencia del ingreso petrolero.

Para complicar aún más las cosas, PDVSA, nuestra gallina de los huevos de oro, la principal fuente de ingresos del país, ha multiplicado varias veces su deuda en la última década, casi triplicado su nómina -tras deshacerse de 20.000 profesionales y técnicos en el 2003- mientras que su producción ha pasado de 3,2 a 2,2 millones de barriles diarios y sus refinerías deben importar componentes para producir a pérdida la gasolina subsidiada más barata del mundo, en medio de frecuentes accidentes. Si a todo esto añadimos la conversión de la empresa en una especie de caja negra difícil o imposible de auditar, encargada ahora de innumerables tareas de dudoso cometido y en todo caso extrañas a su misión primordial, la cuestión de saber qué se ha hecho con los extraordinarios ingresos petroleros de todos estos años se vuelve no sólo más difusa sino también trágica.

Peor aún, contrariamente a lo que han hecho otros países del Medio Oriente, no hemos invertido en el desarrollo y mejoramiento de la infraestructura necesaria para poder adaptar nuestra oferta de productos refinados a los cambios que inexorablemente se avecinan en el mercado petrolero mundial, lo que significa que estaremos en desventaja competitiva frente a otros proveedores más previsivos.

El balance en materia de desarrollo económico del actual régimen no podría ser peor. El estrepitoso fracaso de la vanguardia de su ideologizado proyecto socialista, el sistema nacional de cooperativas, constituye un descomunal fiasco reconocido incluso por el propio gobierno. Las empresas básicas del Estado nunca habían conocido un desempeño tan mediocre, rayano en la quiebra misma, en medio de serios problemas laborales. El cacareado sistema de cogestión empresarial no ha tenido mejor suerte, como tampoco las numerosas fincas productivas que han sido expropiadas para quedar convertidas en quiméricos centros de producción. Y todo ello para tratar de vender un supuesto socialismo de nuevo cuño, que no pasa de ser el más puro capitalismo salvaje de Estado, que lo único que ha logrado sembrar con éxito en el país ha sido la ineficiencia, el miedo y la desinversión.

Ya está más que claro que al régimen no le preocupa ni le interesa diversificar la economía no petrolera, no estatal, sino destruirla. Su objetivo es dirigir y controlar a los venezolanos a su antojo, convirtiéndolos en una masa de beneficiarios y asalariados gubernamentales ineficientes, pero “socialistas”, con el único fin de hacer realidad un sistema económico y político fracasado en donde quiera que ha sido ensayado, con un saldo terrible de ineficiencia, escasez, pérdida de la libertad, corrupción y atraso generalizado.

http://analitica.com/va/economia/opinion/8007694.asp