jueves, 6 de noviembre de 2008

las facetas de Chavez!!

Para cagarse de risa basta echarle un ojaso este personaje repudiado por el pueblo venezolano.....

Venezuela, una crisis nacional

Por Fernando Ochoa Antich

Venezuela se encamina hacia una profunda crisis nacional de consecuencias impredecibles. Esta gran verdad la percibe en toda su gravedad Hugo Chávez. Esa es la razón de su desespero y de su incesante campaña electoral. Entiende que una derrota como la que se perfila en las elecciones de alcaldes y gobernadores producirá tal debilidad política, que difícilmente podrá evitar que se comprometan las propias bases de sustentación de su gobierno. No hablo de una conspiración y mucho menos de un atentado. Nadie está interesado en crear un mártir. Los sectores democráticos buscan con desespero una solución institucional, pero es imposible negar lo que será una realidad el próximo año. Los sectores populares que hasta ahora han apoyado a Hugo Chávez serán los primeros en lanzarse a la calle a protestar. Diez años de gobierno es demasiado tiempo. La propaganda y el abuso de poder no serán suficientes para lograr superar la inmensa decepción que ya existe en nuestro pueblo. La crisis política se transformará en un incontrolable estallido social. Un proceso de ingobernabilidad comprometerá aún más nuestro destino como país.

Para colmo, la crisis económica internacional tendrá efectos catastróficos. Esta realidad es imposible negarla. Está a la vista. Los precios del petróleo han caído el 50% en tres meses sin que todavía la recesión que se anuncia en los países industrializados haya realmente comenzado. Los economistas conocen a perfección la dinámica del capitalismo: expansión y recesión. No soy de los que creo que vamos a vivir momentos tan delicados como el crash de 1929, ya que el liberalismo tiene la experiencia del New Deal de Roosevelt y la visión Keynesiana. De todas maneras la crisis durará varios años. Lamentablemente, Venezuela no se preparó para enfrentar una situación tan delicada. A diferencia de Chile que creó un fondo macroeconómico para enfrentar una crisis económica con el excedente del precio del cobre, el gobierno de Hugo Chávez incrementó el gasto público y endeudó a Venezuela de una manera irresponsable en medio del esplendor petrolero. No contento con esto comprometió técnica y financieramente a Petróleos de Venezuela. El despido masivo de personal como consecuencia de la huelga de 2002, la ruptura de los contratos firmados durante la Apertura Petrolera y la generalizada corrupción tuvieron consecuencias: la producción se redujo en seiscientos mil barriles.

El presupuesto presentado por Alí Rodríguez Araque, ministro de Hacienda, es la primera señal de lo que afirmo. Imaginarse una recaudación que permitirá alcanzar 167,4 millardos de bolívares fuertes es de una ligereza realmente sorprendente. Esa cifra se basa en varios supuestos: una producción petrolera de 3, 6 millones de barriles diarios y 2, 9 millones de barriles diarios de exportación a un precio de 60 dólares por barril para lograr un ingreso de 77,2 millardos de bolívares fuertes y una recaudación no petrolera de 77,9 millardos de bolívares fuertes. Una verdadera falacia. La producción petrolera es de 2 millones ochocientos mil barriles diarios y la exportación apenas llega a duras pena a 2 millones de barriles diarios. El precio por barril es difícil de prever, pero será mucho menor que 60 dólares por barril. Además la recaudación no petrolera caerá de una manera significativa. La disminución del gasto público, la depresión internacional y las nacionalizaciones de las más grandes empresas venezolanas influirán decisivamente en ese monto. La inflación será mayor del 40 % y no habrá manera de evitar una devaluación. El ministro de Hacienda olvidó lo que debió ser el centro de su discurso: las medidas de austeridad. Conoce que esas medidas no le agradan realmente a Hugo Chávez.

La crisis nacional se perfila como una realidad. En el pasado, lo corto del período presidencial y el principio de la no reelección permitía superar la pérdida de popularidad de los gobiernos. Esa posibilidad no existe en el régimen chavista. Después de diez años de gobierno todavía faltan cuatro años de ejercicio presidencial de Hugo Chávez. Demasiado tiempo para superar la inmensa decepción que está surgiendo en los sectores populares. La oposición democrática tendrá que hacer un inmenso esfuerzo para crear en los venezolanos suficientes expectativas con un aplastante triunfo en las elecciones parlamentarias de 2010 para evitar la crisis social y el estallido de la violencia.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Chávez y sus estupidas confiscaciones

Por Román José Sandia

Hace unos meses iba manejando por la autopista del Centro, mientras la radio avisaba de un accidente. Una gandola se había volteado esparciendo su mercancía: un líquido tóxico. Exactamente, cuando el locutor iba a decir la ubicación del accidente, la transmisión fue interrumpida para dar paso a una cadena de radio y televisión.

Por más de una hora todos los que viajábamos por esa carretera no tuvimos ninguna información sobre un hecho que nos afectaba de muchas maneras. No supimos si habría alguna forma de esquivar la cola que se estaba formando en el lugar del volcamiento. Tampoco nos enteramos de cómo había sucedido y de sus consecuencias. Si algún médico estaba cerca no podía saber cómo llegar al sitio para auxiliar a los posibles heridos.

La emisora que había comenzado a dar el parte ha colocado a lo largo de la autopista algunas vallas que informan sobre su dial y la cobertura que da a lo que ocurre allí. En ese largo lapso fue enmudecida para que la voz de quien por esos momentos era la única voz dejara en el limbo informativo a todos los usuarios de la vía y a los miles de habitantes de la zona. En esa hora y pico, ningún radioescucha logró comunicar algún detalle a la radio para que esta retransmitiera lo que estaba pasando. De nada servía la buena voluntad de la emisora.

Por esos largos minutos nadie pudo tomar las previsiones que ameritaba la situación. Y algunas vidas corrieron peligro porque no se contaba con la información oportuna que, en condiciones normales, podrían haber dado la radio o la televisión.

Situaciones como esta ocurren a diario en Venezuela. Ya han pasado algunas graves, como ocurrió el 12 de abril de 2002, cuando Chávez encadenó las transmisiones mientras en las calles de Caracas francotiradores asesinaban a ciudadanos. Todavía los tribunales no han evaluado ésta acción de Chávez, quien alevosamente desinformaba mientras ocurrían las muertes de algunos venezolanos que protestaban contra su gobierno.

Las cadenas no son un accesorio para el régimen chavista. Son una parte central e imprescindible de su diseño autoritario y su vocación totalitarista. Ellas están inscritas en la idea de confiscar la palabra a los venezolanos mediante la inundación del discurso único del poder. Es el poder el que utiliza los medios estatales como si fueran órganos del partido oficialista, donde se usan los métodos más disímiles para borrar la argumentación de la disidencia: desde el insulto más vulgar hasta la fijación de tarifas arbitrarias y estratosféricas a la publicidad de la heterodoxia chavista. (El canal estatal VTV entregó al partido PPT un presupuesto que duplicaba las tarifas del canal “imparcial” Venevisión).

Las cadenas buscan desmoralizar a quienes no estamos con el militarismo, arrinconar la crítica y manipular la realidad que viven los venezolanos.

Con su aparición diaria, Chávez cree que puede hacer desesperar a los que no lo siguen. Que su palabrería hará tirar la toalla a quienes se le oponen, que renuncien a señalar las fallas y las consecuencias nefastas de su administración. Su sobre-exposición ha logrado todo lo contrario. Hasta dentro de quienes integran las filas gobierneras, hay un verdadero cansancio. Lo que antes era una novedad, que el Presidente hablara llanamente sobre los temas más diversos, hoy es visto como un verdadero abuso, una intromisión en las vidas de los venezolanos al no permitirles informarse oportunamente o ver y escuchar sus programas favoritos.

El desgobierno chavista existe para hablar, mentir y hacer propaganda. Nunca antes la palabra gubernamental había estado tan devaluada. Sobre todo se ha devaluado, ha perdido importancia, por su despilfarro, de tanto usarla.

Pero hay que agregar al abuso que atenta contra la libertad de expresión que significa oír de manera obligatoria a Chávez cada día, la irresponsabilidad de dejar al país incomunicado, sin radio ni televisión mientras tenga fuelle para hablar paja.

En estos días Chávez ha explicado con la mayor jaquetonería (¿Adónde quedó el humilde arrepentido de aquel abril?) que él hacía cadenas porque él era el Presidente y que si alguien las quería hacer que llegara a la Presidencia. Que se recuerde nadie que haya ocupado la Presidencia de la República ha dicho semejante barbaridad.

Según Chávez, la confiscación de las señales de los medios de comunicación que con tanta frecuencia hace -ahora más, en tiempos electorales- obedece únicamente a su capricho. No hay ninguna evaluación previa sobre la pertinencia de la transmisión. Ni el ministro de Comunicación Izarrita tiene velas en ese entierro. Es sólo el antojo del caudillo quien decide dejarnos sin radio y sin televisión por el tiempo que le dé la gana.

Pero la verborrea no cambia la trágica realidad.

http://www.analitica.com/va/politica/opinion/1199604.asp

martes, 4 de noviembre de 2008

El Pandemonium

Por Antonio Sánchez García

"Alertamos al país porque el Presidente se las juega todas y es capaz de cualquier cosa."

Eduardo Manuitt, gobernador del estado Guárico

1) Nos acercamos al momento de las definiciones cruciales. A Chávez se le agotan todos sus recursos. Y su margen de maniobra se estrecha hasta límites insoportables. De allí su intolerable desesperación, que bordea la psicosis. La crisis económica y la brutal caída de los precios del petróleo – ya ronda los $ 50, cuando necesita un piso de $ 80 para mantener su desquiciada maquinaria en movimiento - le impiden reeditar el expediente que le aconsejara Fidel Castro para enfrentar el Referéndum Revocatorio: postergarlo tanto como le fuera posible, montar misiones, manipular el Registro Electoral Permanente y comprar conciencias. Usando de paso el tiempo arrancado gratuitamente a una inerme e inexperta oposición – un año, con sus meses y días - en ahondar sus contradicciones internas y debilitar sus sectores más radicalizados. Todo lo cual, sumado al control del CNE y al manejo arbitrario de sus maquinitas electorales le permitieron salir airoso de esa gran prueba. Y dejar a la oposición en el peor momento de su no muy gloriosa trayectoria política.

La situación se ha invertido dramáticamente a favor de esa misma oposición, hoy unida, experimentada, fogueada y fortalecida. Que haciendo gala de un instrumento de combate tremendamente eficaz y poderoso: la espera, ha terminado dominando el terreno. Recurriendo a todos los medios que la constitución y las leyes le permiten. El escenario en el que se combate es el suyo: la democracia. Y mientras el régimen sufre el desgaste de diez años de desastres, ella se ha ido rejuveneciendo y adecuando a las difíciles circunstancias. Profundamente asentada en la sociedad civil, de raigambre democrática ella misma y contrafuerte inexpugnable para los intentos totalitarios del régimen. Una oposición que florece en universidades y colegios profesionales, en academias y medios de comunicación y encuentra su máxima expresión en el movimiento estudiantil. Restableciendo su conexión con un pueblo llano que se abre a las nuevas propuestas, cansado de promesas y desengaños.

2) Esta asimetría queda de manifiesto en las preferencias electorales. De librarse la próxima contienda en condiciones normales, justas y transparentes, respetando las normas estatuidas universalmente, la oposición conquistaría la inmensa mayoría de gobernaciones y alcaldías. Y controlaría los gobiernos de los estados y ciudades más importantes, desarrolladas y pobladas del país. El oficialismo, por su parte, podría obtener cinco o seis gobernaciones en las que mantiene un férreo liderazgo. Y la disidencia de PODEMOS, el PPT y el PCV obtener otras cuatro gobernaciones. Con lo cual el país mostraría su naturaleza plural y multicolor. Y transitaría sin mayores quebrantos y desajustes hacia la normalidad de un estado democrático y de derecho. Un desiderátum.

Esa es la situación objetiva. Ante la cual el presidente de la república no tiene más que dos opciones: resguardar y mantener el poder que detenta sobre un importante sector del país, plegarse al nuevo escenario político y gobernar hasta el fin de su mandato buscando el consenso y el equilibrio. Para enfrentar mancomunadamente la grave crisis que vivimos y de la que es principal responsable. Lo cual supone reconocer el fin de su proyecto totalitario y la imposibilidad histórica de imponer su reelección vitalicia, así como prepararse para un futuro de convivencia democrática. Reclamo que hoy le plantea la oposición en su conjunto, desde partidos y sindicatos, hasta ONG's y movimientos de grandes proyecciones como el M2D y su Parlamento. O insistir porfiadamente en sus trece, desconocer la realidad y pretender violar todas sus determinaciones a mandarriazos. Lo cual implica imponer un gobierno de excepción y lanzar al país por la aventura dictatorial y el riesgo de una guerra civil.

¿Cuál será el camino que escoja? De esa decisión depende nuestro futuro. Pues de preferir el enfrentamiento brutal y directo zanjaría una divisoria irreparable entre las fuerzas democráticas, hoy mayoritarias, y su proyecto hegemónico, de imposible realización objetiva. La razón de los hombres sensatos, que tanto reclamara el Libertador en presencia del pandemónium que devorara a las repúblicas recién independizadas, debía ser la consejera presidencial.¿Será capaz de atender a sus requerimientos?

3) A juzgar por las persecuciones en curso, las difamaciones al liderazgo opositor, la creciente agresividad y la amenaza contra los candidatos con mayores opciones a triunfar en la contienda del 23N, que no son precisamente los suyos, incluso rompiendo todo lazo afectivo con sus aliados más leales - el PCV y el PPT - el presidente de la república todavía cree posible y provechoso jugar la carta de la polarización y la radicalización de las posiciones. Echando por la borda todo respeto a las reglas del juego se entromete en todas las regiones, desplaza de un manotazo a sus propios candidatos, desenmascarados así como simples marionetas de sus ambiciones personales. Y parece dispuesto a perseguir, encarcelar e ir todavía más lejos con tal de impedir el triunfo de la oposición, que hoy por hoy parece cantado en Carabobo, en el Zulia, en Miranda, en la Gran Caracas, en Nueva Esparta incluso en Aragua, en Sucre, en Mérida, en Táchira y Bolívar, de resolverse las diferencias que enfrentan a los dos candidatos opositores. Y eso por mencionar lo menos.

Desde diversos círculos de gobierno se filtra la información confidencial de que el presidente de la república no está dispuesto a encajar una derrota prácticamente definitiva de su proyecto estratégico. Y de que impediría por cualquier medio el triunfo opositor en el Zulia, en Miranda, en Carabobo y la Gran Caracas. Es una hipótesis nada descabellada, que ya se manifiesta en el sistemático enrarecimiento del clima político, las infundadas y rocambolescas denuncias de golpes de estado y magnicidios, la persecución a algunos dueños de medios, y ahora, fracasados todos esos expedientes, la amenaza de proceder judicialmente contra un candidato a alcalde, como Manuel Rosales acusándolo de supuestos hechos de corrupción. El colmo del absurdo: el ladrón detrás del juez.

¿Qué pretende Hugo Chávez y qué estrategia de su sala situacional – en manos de especialistas del G-2 y otros expertos en desestabilización continental – es la que se perfila hacia el 23N? ¿Está dispuesto Hugo Chávez a jugarse el todo por el todo y ser capaz de utilizar todos sus medios, sin escrupulosidad alguna, para impedir su desbarrancamiento? ¿Enturbiando, entorpeciendo y hasta impidiendo el proceso electoral para evitar que se consuma la inevitable catástrofe que se le avecina?

La opinión generalizada es que Chávez se prepara a desatar el pandemónium. Brincando desde un fraude descomunal a la imposición de una reforma constitucional que le permita reelegirse cuantas veces quiera. Ese y no otro sería su proyecto. Los ataques desaforados a Rosales, a la hija del gobernador Manuitt, a la disidencia del PPT y del PCV y simultáneamente el deseo de engullirse a Miguel Otero Silva, a Alberto Federico Ravel y a Marcel Granier irían en esa dirección: darle un soberano palo a la lámpara y patear la mesa del juego político, frágilmente mantenido al precio de una sistemática pérdida de legitimidad a nivel nacional e internacional. Son demasiados los indicios como para no prestarles atención. ¿Estamos ingresando a una zona de graves acechanzas? ¿Nos adentramos en un pandemónium?

4) Ni una sola de las iniciativas asumidas por el presidente de la república forma parte de un proyecto de alternancia democrática. Todas ellas – desde las suculentas compras de armamento a Rusia hasta el montaje de un satélite "bolivariano"– se insertan en una concepción hegemónica totalitaria y de muy largo aliento. Son parte de un juego de estrategia global, que requiere de un régimen vitalicio como base de sustentación. Chávez procede como si fuera a gobernar por los siglos de los siglos. ¿Delirio, esquizofrenia o autismo? Inescrupulosidad, ambición y desfachatez.

Hace bien la oposición en no comprarle ese discurso prepotente y autocrático, dictatorial y atrabiliario. Es imperativo esquivar todas sus trampas y provocaciones. Dejarlo hundirse en su desesperación y asistir al derrumbe manifiesto de su proyecto. Llamando y movilizando a la participación masiva del pueblo democrático en el proceso electoral así como a la defensa irrestricta del voto. Lo cual no implica cerrar los ojos ante los graves peligros que se ciernen sobre el proceso electoral mismo. Mientras mayor sea nuestra participación y más activos los mecanismos de autodefensa y control, menor y más lejana es la posibilidad de la consumación de un fraude como el que tendría que ser necesario para burlar la soberana voluntad popular.

Chávez se juega el todo por el todo, ante lo cual se hace manifiesto que no tendrá empacho en los peores recursos para impedir su derrumbe. De la fortaleza unitaria de la oposición, de la lucidez de nuestros liderazgos, de la tenacidad en la prosecución de nuestro máximo objetivo – la reconquista de nuestra democracia – y sobre todo de la templanza y la cordura de nuestro proceder depende que el país no se nos desbarranque. En aras de este magnífico objetivo es deseable que termine por consolidarse la unidad y que en todos los estados, sin excepción ninguna, se vaya al proceso electoral con un solo candidato opositor. El caso de Bolívar es paradigmático: es esencial superar la actual división y lograr el consenso en torno a uno de los candidatos en lisa. No es Bolívar nuestro objetivo. Ni es el Zulia: es Venezuela.

Unidad, unidad y más unidad. Y una masiva participación electoral que exprese el inmenso poderío que radica en nuestra tradición democrática. El futuro espera por nosotros.

http://www.analitica.com/va/politica/opinion/7266706.asp