miércoles, 24 de septiembre de 2008

¿Estamos o vamos hacia una guerra civil?

Por Agustín Blanco Muñoz

Venezuela sigue en guerra. Y el jefe único desde un inicio señaló que para él: ‘todo es una guerra, una gran guerra’ (Habla el comandante, p. 461). De allí que estemos hoy ante una fase de esa confrontación que se hace cada vez más destructora.

Y esto está en concordancia con un ‘proyecto revolucionario’ que declara venir a ‘destruir este sistema’ porque ‘nada que intente superar este modelo de democracia liberal, que para nosotros ya murió, puede provenir de elecciones’. (p. 168) Por ello agrega que por la vía del reformismo es imposible el cambio: ‘por esa vía nosotros podemos llegar aquí hasta una guerra civil’. (p. 630) Pero en la práctica, su ‘revolución’ produce el mismo resultado.

Pero esa guerra tiene un largo registro y está en el nacimiento mismo de la patria-país-república. En la Venezuela de “patricios criollos”, la república es para el hombre libre, blanco y dueño. La constitución de 1830 distingue claramente entre hombres libres y esclavos.

La Venezuela ‘grande’ aprovecha la ‘pequeña’ para que guerreara a su favor en la ‘gesta independentista’. A la hora de la Guerra Federal se intenta enfrentar a los herederos del patriotismo y la libertad. Pero el ‘Pacto de Coche’ crea los instrumentos para controlar y aplastar la disidencia. Un alto para adquirir niveles de pacificación obligada.

El guzmancismo atemperó con su capacidad represiva la acción de los caudillos regionales. Pero la guerra continuó una vez liquidado su poderío, hasta ser sometida o controlada por el gomecismo. Es tiempo de la Venezuela de los ‘dueños imperiales’.

En la tercera década del siglo XX surge el proyecto para la formación de ‘otra Venezuela’. Se hace presente la influencia marxista. Pero ya en 1931 Betancourt está al frente del Plan de Barranquilla para poner a andar un proyecto socialdemócrata en el cual la ‘revolución pacífico-electoral’ comienza a tomar cuerpo.

La muerte natural de Gómez actúa como otro muro de contención de la violencia, y militares y civiles acuerdan la continuidad del régimen. La Venezuela de los propietarios asume la condición de patriotas y bolivarianos para guiar una tal ‘transición’ hacia la democracia.

El 18 de Octubre de 1945 militares y civiles actúan como golpistas para asumir el mando-poder. En el trienio 45-48 y en el período dictatorial se mantiene en vida latente el cuadro de guerra civil.

En 1958, la llamada Venezuela de la unidad desplaza la dictatorial. Renovación de demagogia-promesas para ofrecer una democracia en la cual pudiera representarse el gobierno del ‘pueblo soberano’. En la práctica es el Estado liberal que mantiene en plena vigencia las desigualdades económicas, sociales y hasta políticas.

Por ello hay quienes se benefician desde un inicio de la ‘democracia’ y quienes sólo tienen en ella una ficción múltiple que permite la protesta, el grito del disidente, el voto ‘universal, directo y secreto’ siempre controlado por las maquinarias políticas.

Es la Venezuela del Pacto de Punto Fijo, para repartirse y cuidar su mando-poder. En el escenario de 1958 hay algunos pronunciamientos militares que ‘la nueva clase política’ maneja con solvencia económica, para garantizarse ‘el apoyo irrestricto’ de las FAN.

Algo fundamental para la estabilidad democrático-puntofijista, que, al excluir de su seno al Partido Comunista, empuja a las ‘izquierdas’ a buscar sus propios territorios.

Pero la aparición en escena de la ‘revolución cubana’ impulsa la creación de la ‘Venezuela Subversiva’. La década de los 60 ve aparecer una ‘lucha armada’ que, en principio tiene los componentes específicos de la guerra civil, que tanto espacio ha tenido en esta república.

Sin embargo, ante la progresiva ausencia de apoyo social y consecuente aislamiento, convierten el cuadro en un simple y brutal aplastamiento de las fuerzas derrotadas. De allí la aparición ‘democrática’ de la figura del torturado, desaparecido, asesinado, masacrados.

Con la victoria sobre “la subversión” se logra una estabilidad que se pierde al acumularse los reclamos populares. Es un modelo democrático agotado que tiene un punto culminante el 27F-89.

Y es en este contexto que se monta una conspiración bolivariana que, en su prédica y hacer golpistas, en ningún momento logra superar las condiciones de guerra civil avivadas el 27F-89 y reforzadas con los intentos golpistas del 92.

Por el contrario, ya en el mando-poder, profundiza su prédica guerrera y de allí su creación de la Venezuela Socialista, basada en la amenaza permanente y creciente contra los ‘oligarcas imperialistas’.

Pero un socialismo que no se fundamenta en un aparato productivo sino en una inversión llamada a financiar apoyos políticos, que sólo generan espacios para la destrucción. Se entiende así que la única manera de sostener al régimen es con el arma de la guerra civil-militarista que de manera abierta o encubierta padecemos desde hace 200 años.

Por ello hoy y aquí prevalece el miedo, terror-angustia ante todas las prácticas violentas propias de los regímenes autoritarios, que se junta a un creciente y peligroso deterioro de las condiciones económicas y sociales.

Todo un cuadro que se maneja a partir de la aplicación de un estado de ‘guerra revolucionaria’, de la clase pobre contra la rica-oligarca, ejercida por fuerzas en las cuales se hace inversiones multimillonarias, que sirva para mantener el mando-poder.

Una guerra que enfrenta la Venezuela socialista a la capitalista para producir un Capitalismo Socialista de Estado con su correspondiente burocracia afianzada en los boliburguerianos, que cuenta con un aparato de control y represión que utiliza los mismos medios de sometimiento del pasado, con el agravante de que es una guerra política a la vez asediada y desafiada por otras creadas en el seno de una sociedad en plena descomposición: guerra delincuencial, carcelaria, de la salubridad, alimentaria, del tráfico de drogas o del robo público.

Y ante este cuadro el proyecto de guerra civil debe ser intensificado garantizando la permanencia de una jefatura única. Por ello la reforma supuestamente rechazada el 02D-07 y hoy en plena aplicación terminará por garantizar la continuación del caudillo milagroso al frente de los destinos de la patria.

Quedará a salvo así la construcción del socialismo que tiene en el aparato de violencia-guerra civil los instrumentos para producir todos los desmanes y violaciones a los tan nombrados y tan poco respetados derechos humanos.

Porque esta es una ‘revolución’ con un registro apreciable de muertos, torturados, presos, secuestrados. Y en la parte de las inter-guerras abundan los desaparecidos, abatidos, exterminados. La masacre de siempre.

Un estado guerrero que cuenta con misiones, reservas, batallones, brigadas, comunas, y hasta con el apoyo de unas ‘oposiciones’ que le crean un contexto democrático que se expresa en la abierta y nutrida campaña para las elecciones del 23N-08. Se contribuye de este modo a quitarle peso asesino a la guerra civil que aquí se adelanta por todos los costados.

http://www.analitica.com/va/politica/opinion/3632919.asp

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